Una excelente noche comenzaba,
y varios minutos luego de
las ocho, pude entrar al
imponente recinto que agradecemos
tener en nuestro país.
Buena ubicación,
inmejorable compañía
y dedicado a mirar a mi
alrededor. Habían
personas de la tercera edad,
jóvenes a la moda,
las usuales parejas de cualquier
color y uno que otro personaje
reconocido de la farándula
o las artes.
La tarima, acojedora y
con dos pantallas gigantes,
recibió al admirable
cantautor venezolano Roque
Valero acompañado
de Salomón Lerner
en el piano y César
Natera en el violín.
"Vengo a contar contigo",
"Ciudad bendita",
"Todo va a salir bien",
"En los balcones de
Madrid", "Nuestra
historia" y "Ando
de puntillas" fueron
el justo abreboca.
Ahora, el escenario bañado
en azul y ayudado por una
luz blanca giratoria, lograba
recrear el mar y un cercano
faro. Se escuchaba aquel
sonido calculado que da
inicio a su más reciente
disco y que también
nos alertaba sobre la pronta
llegada de Jorge Drexler
para brindarnos sus canciones.
No más de dos minutos
después llega el
uruguayo, toma su guitarra
y se sienta a cantar sin
demora. El público,
sencillamente felíz,
escuchó "12
segundos de oscuridad".
La asistencia fue masiva,
exitosa, aunque no un lleno
total. La energía,
el respeto, la intimidad
y la humildad eran las palabras
mágicas del show
que comenzó a las
9:20pm y se extendió
hasta casi las once de la
noche. Algunos de los temas
interpretados fueron "Polvo
de estrellas", "Todo
se transforma", "Causa
y efecto", "Eco",
"Dos Colores: Blanco
Y Negro", "La
Vida es más compleja
de lo que parece",
"Disneylandia",
"Guitarra y vos",
"Milonga del moro judío",
"El pianista de un
gueto de Varsovia",
"La Infidelidad en
la era informática"
y "High and Dry"
(de Radiohead).
La tonada "El loco
Juan Carabina", popularizada
por Simón Díaz,
fue lo que nos sorprendió
como segunda ofrenda. Drexler
aprovechó algún
desperfecto con su soporte
tecnológico y apenas
con su guitarra cantó
inspirado en esa letra original
de Aquiles Nazoa.
Más tarde vino la
causa de su evolución
mediática: "Al
otro lado del río",
aquella canción de
la película "Diarios
de Motocicleta" que
lo hizo merecedor de un
Oscar y a la cual se refirió
como "la que se hizo
famosa por cantarla a capella",
así que de esa misma
forma nos la regaló,
aunque antes la dedicó
a Roque Valero. Se alejó
de su sobretarima y se sentó
en el piso, ninguna luz
lo alcanzó, sólo
podíamos ver una
oscura silueta y enfocarnos
en lo poético de
esos versos. Inolvidable.
Drexler habló de
Calder, pidió consideración
a Carlos Raúl Villanueva
y manejó, a su antojo
y con sutileza, a los asistentes
preocupados por seguir el
compás con las palmas.
El uruguayo aconsejó
algo mejor para no perder
la concentración
y no abusar de la acústica.
Disfrutó, se detuvo,
volvió a recomendar,
ofreció buen humor
y finalizó reconociendo
el esfuerzo de la sala en
pleno, empeñada en
sonar los dedos.
Culminó el espectáculo.
Nadie podía estar
insatisfecho pero, al mismo
tiempo, con aplausos, gritos,
de pie y al unísono
se pedía "otra"
y la gloria de Montevideo
apareció de nuevo
para cantar "Soledad"
y la Milonga Paraguaya.
Nunca pudo ocultar su felicidad
y su asombro. El público
coreaba sutilmente, a veces
con agradables reberveraciones.
Intentó irse, pero
nadie quería bajar
de la nube, Drexler cerró
con "Sea".
Vimos a un genio, a un
poeta, un verdadero revolucionario,
un ejemplo de humildad e
interesante carisma. Un
trovador de los nuevos tiempos,
un Caetano Veloso tomando
ventaja de Bjork, un Señor
y unas máquinas recuperando
la sencillez, una hermosa
noche para el orgullo de
los presentes.
Muy bien por la productora
Palo de Agua. Brillantes
comienzos. Sólo podemos
desearles éxito y
unirnos al agradecimiento
de muchos asistentes hacia
ustedes, sobre todo por
apostar al público
venezolano con artistas
talentosos sin necesidad
de ser comerciales.