Apenas empieza el mes de
abril y ya muchísimas
personas tienen una buena
colección de entradas
a eventos con artistas internacionales.
Las conversaciones acerca
de visitas de grandes artistas
a países como Perú
y Ecuador, obviando a Venezuela
son cada vez más
raras y muchas menos personas
piensan en gastarse todos
sus ahorros en irse a un
festival en Europa o Estados
Unidos para por fin ver
a sus bandas favoritas.
Esto está pasando
aquí y ahora. Helloween
es una de esas bandas llamadas
de “vieja guardia”
que el público rockero
venezolano tenía
muchos años esperando
y los alemanes estaban tan
contentos como nosotros
de vernos en el Poliedro.
A pesar de una concurrencia
de tan sólo unas
2.000 personas, casi todos
en la zona de general, a
quienes más tarde
dejaron bajar, por “petición
de la banda”, hasta
la zona de arena, el Poliedro
cantó, gritó
y descargó con los
pioneros del heavy/power
europeo, quienes no sólo
ofrecieron un show musicalmente
impecable con una excelente
selección de clásicos
-tomando en cuenta lo dilatada
de su carrera y nunca haber
visitado Caracas- sino mostraron
también el humor
y picardía que incluyen
algunas de sus letras, un
elemento que los distinguió
desde sus inicios. Durante
el solo de batería,
el bajista salió
con un muñequito
de calabaza para hacer ciertos
ruidos por un micrófono
y durante el solo de guitarra,
Sascha tuvo que competir
con su baterista, quien
armado de una guitarra de
juguete hizo alarde de sus
habilidades histriónicas.
Temas como “Hell was
made in heaven”, “Mr.
Torture”, “A
tale that wasn’t right”
y “Eagle fly free”
fueron parte del set, que
incluyó dos bises,
el primero incluyó
la coreadísima y
esperada “I Want Out”.
Un detalle importante de
la presentación fue
el muy buen español
del cantante, que no sólo
era de “gracias, que
bueno es estar en Venezuela,
no sabía que habían
rockeros”, sino que
se extendió en jocosos
comentarios, y pocos olvidarán
eso de “tengo un nuevo
sistema de monitores, metido
en el oído, de plástico”.
La puesta en escena fue
impecable, divertida, con
muchísimo humor y
grandioso desempeño
musical, y el malestar físico
del cantante no hizo mella
en el entusiasmo que sentían
por estar tocando ante su
público venezolano.
Antes de los alemanes, la
banda Landsemk, de Barcelona,
abrió fuego al principio
de la noche, obsequiando
al público todos
los elementos que debe tener
una buena banda de heavy
metal: gran performance,
mucha presencia en tarima,
actitud, un gran vocalista
y excelentes canciones.
Aunque el baterista tuvo
algunos fallos, de forma
general la banda se desempeñó
de forma brutal y encendió
los ánimos de un
público exigente
pero entregado. “Ángeles
de Metal” y “Jamás
perderé la fe”
fueron coreados por varios
seguidores y una sorprendente
versión de Judas
Priest dejó boquiabiertos
a los presentes. Aplaudimos
la inclusión –como
se ha hecho hasta ahora-
de bandas independientes,
por parte de los productores,
para acompañar a
las bandas internacionales
que presentan.