Con una puntualidad brillante
salió Candy66 apoyado
por los gritos y los puños
alzados del 99% de los asistentes.
Comenzaron con los conocidos
riffs de "Burrera"
y se pasearon por "Rata",
"Solo", "Madre",
"Somos los mismos de
Ayer", "Fe",
entre otras, y no hubo un
segundo en que el poliedro
entero estuviese brincando
o cantando sus temas.
El sonido, aunque bajo,
fue la vía suficiente
para llenar de energía
a todo el mundo. Además,
el profesionalismo que demostró
la banda en tarima, el apoyo
de la gran mayoría
y la fuerza del set silenció
cualquier mito urbano y
los comentarios insanos
de esos pocos que no tienen
oficio.
Escribí tantas cosas
sobre la desacertada labor
de la seguridad que ya prefiero
guardármela e ignorarlos
en buena medida. Aquí
nadie sabe hacer seguridad
en conciertos de rock. Siendo
violentos generan más
violencia, no sanan la situación.
Sin embargo, no pasó
nada porque los asistentes
guardaron siempre la calma
y la quietud, mientras la
seguridad daba risa y algunos
pasaron la endeble cerca
y llenaban el área
de "arena" (No
Vip!).
Más tarde no se
pudo restringir nada y aunado
a la petición de
Slipknot sobre ver copado
el Poliedro, el público
no se distinguió
por el valor de su entrada
y cada quién se fue
al lugar que mejor le pareció.
A las nueve y diez minutos
llegó Slipknot...
la histeria fue incontrolable
durante casi dos horas.
La banda mostró la
escena extraña que
los caracteriza y lo mejor
de su repertorio pero con
un sonido saturado que lógicamente
no se preparó para
tal cantidad de personas.
(Muchos recordarán
aquel histórico concierto
de Metallica en 1999 en
el mismo lugar... todo se
escuchó, todo se
entendió, hasta sordos
salieron muchos).
Slipknot entregó
toda su alma a más
de doce mil personas, los
consideró su familia
y hasta comentó que
Colombia no nos llegaba
ni a los pies. (Eso lo sabemos,
pero gracias a él
por decirlo!)
Canciones como “The
Blister Exist”, "Vermillion",
"Left
Behind", "Before
I Forget", "Spit
It Out", "Wait
and Bleed", entre otras
tantas, se escucharon más
por el coro del público
al unísono que por
la potencia del sonido en
general. Éste elemento
también no nos permitió
deleitarnos con claridad
de la admirable ejecución
del baterista Joey Jordison.
Sin duda, esto queda para
la historia del rock en
Venezuela como un gran logro
y un mar de anécdotas
para cada uno de los que
allí estuvimos. Nadie
olvidará los elogios
a Venezuela y los largos
minutos de despedida y derroche
de carisma del vocalista
Corey Taylor.
Ahh! Otro párrafo
que no puedo editar... La
seguridad vejó a
decenas de personas por
"moverse mucho",
por "saltar mucho",
por tomar fotos con sus
celulares, entre otras faenas...
para justificar su ínfima
cuota de salario. Lo digo
porque me tomé la
molestia y todo el tiempo
del mundo para presenciar
su actuación en todo
el corredor que separaba
la tarima del público.
No hace falta ese tipo de
"autoridad".